sábado, 10 de marzo de 2007

2-Duraznos

Descorre las sábanas como quien se quita un exoesqueleto. Se encuentra semidesnudo frente a un espejo. Recuerda el sueño, y ahora se recuerda a él mismo. El espejo es como una pequeña ventanita de éter que se abre y permite a los recuerdos transgredir las fronteras de la piel. Ahora se ve ante una situación inevitable. Sus ojos están clavados en los de ella pero en realidad están lejos, quizá viendo algún suceso perdido. Se encuentra aferrado y no quiere que lo suelten. Muerde el durazno torpemente y recuerda las consideraciones que él mismo inventó para esta circunstancia. ¡Oh, dulce sabor de lo desconocido! Monotonía pedagógica: “Los duraznos se van acumulando hasta formar una gran montaña putrefacta” Quedan muchos frutos por morder y sin embargo decide renunciar a hincarles el diente caprichosamente. La gente ríe, ríe con esa mueca odiosa que un actor utilizó burdamente en su sueño. Llora pero es persistente con su actitud. En el fondo, desea lo mejor.

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